Raíces, alas y garra

Cinco meses desde que te cogí en brazos por primera vez.

Nunca voy a olvidar cómo respirabas en mi cuello y la felicidad enorme que sentí al verte y ver cómo abrías los ojos por primera vez en aquella habitación. Esos ojazos que llaman la atención a todas las señoras que nos cruzamos y nos dicen lo guapa y despierta que eres. Porque es verdad: eres muy guapa y muy despierta, aunque sólo tengas cinco meses. Es la misma felicidad que vi en los ojos de tu madre cuando nos encontramos con ella en aquella habitación de hospital.

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