Lecciones de los 30

Cumplí 31 años hace dos meses, no 30; pero eso quiere decir que llevo un año de retraso para escribir el post, no que este no sea oportuno.

¿Por qué lo escribo?

En primer lugar, soy un tío bastante egoísta. Escribir (me) sirve para ordenar pensamientos, estructurarlos en mi cabeza y, claro, para que lo que escribo y quiero aplicar en mi vida “no se me olvide”.

Soy consciente de que con 20 tuve mucha suerte: sabía lo que quería hacer. Bueno o malo, mejor o peor, lo tenía claro. Sin necesidad de ser modesto, pondría un sobresaliente a mi década de los 20.

Esto no quiere decir que fuera perfecta: lo que digo es que, dadas las circunstancias y con las herramientas que tenía, creo que lo hice de sobresaliente. Ahora, a mis 31, quiero que dentro de diez años pueda decir que mi década de los 30 fue de Matrícula de Honor.

Pero esta no es la única razón: estoy seguro que puede ayudar a alguien. Reafirmándose, buscando soluciones o, simplemente, eliminando miedos. A mí me ha ayudado el ejemplo de otros y, claro, seguro que otros se fijan en lo que yo hago.

Aquí unas cosillas que aprendí en los últimos años. Cosas que, tal viejo que se precie, puedo decir que la experiencia me dio. Algún día las contaré jugando al dominó y bebiendo anís dulce en cualquier bar. Tiempo al tiempo.

Hay algunas más importantes que otras, claro, pero no están ordenadas en ese sentido. Escribo tal y como pienso.

1)   Aunque te repitan y repitan lo contrario, no necesitas mucho dinero para sobrevivir

Que el dinero no sea una obsesión y sí lo sea el gastar cada vez menos. O, mejor dicho, sin obsesiones, intenta gastar cada vez mejor.

Siempre digo que no quiero ser rico: quiero tener el suficiente dinero en cada etapa de mi vida para hacer lo que me proponga. El dinero hace falta, pero es más importante la actitud y las ganas de hacer cosas. Ambas cosas no son lo mismo y yo intento no poner la primera como excusa. Cuando uno lo necesita, el dinero “se roba” y acaba apareciendo (vía trabajo, claro).

Sin objetivos en la vida, el dinero no te valdrá de nada. En cambio, si tienes objetivos (que sean ambiciosos, por favor), siempre se halla la forma de conseguir el dinero.

2)   Toma decisiones por ti mismo

En un primer momento, que tomes decisiones dejando a un lado al rebaño hará que te tomen como un bicho raro. Enhorabuena: estás comenzando a forjar tu carácter.

Créeme, te será muy útil en los 30. Digamos que yo ya estoy viendo los resultados…

Todas las decisiones importantes que tomé en los 20 y que, a posteriori, resultaron acertadas, fueron criticadas por personas cercanas y no tan cercanas a mí. Simplemente, yo ya lo veía y ellos no. No lo hacían porque no me quisieran o pretendieran hacerme daño, simplemente, no lo veían.

Pregunta, pide consejos y luego decide por ti mismo.

3)   Aprende a hacer cosas con las manos

Y no, no estoy hablando de eso. Guarrill@. Aunque, pensándolo bien, quizá sí que hablo de eso un poco…

Lo que quiero decir es que aprendes a hacer cosas con las manos que te den “gustito”. Lo sé, no lo estoy arreglando…

Aprender a tocar la guitarra, aprender a dibujar, a dar masajes, a programar, a arreglar cosas estropeadas por el día a día, etc. A eso es a lo que, principalmente, me refiero: no sé cómo explicarlo, pero estoy seguro que ese tipo de cosas hacen que se desarrolle cierto proceso creativo que luego es muy útil para el día a día.

Tener un buen hobbie, incluso convertir una de tus aficiones en tu trabajo, sólo tiene cosas positivas. Te aleja de perder el tiempo y, además, si eres listo, puedes reconducir todo eso que haces para que te sea productivo en otro ámbito de tu vida.

Tengo buenas aficiones —eso creo—, pero por aquí tengo amplio margen de mejora en la próxima década.

4)   A los gilipollas no les molesta ser gilipollas, les molesta que les digas que son gilipollas

Intenta no perder el tiempo con estos últimos. Lo sé: a veces, es inevitable. Tampoco evites el conflicto. Sí este se tiene que dar, que se dé.

Sé firme, sincero y no dejes que te apabullen. A menudo, lo que los gilipollas buscan es que estés callado/inmóvil, para así les dejes hacer y deshacer… con el fin de que ellos se coloquen la pelotita donde más le beneficie. En un partido justo, la pelotita se posa en el centro. Lo sabe todo el mundo. Luego, ¡a jugar y que gane el mejor!

En este tipo de situaciones, en este tipo de conflictos, si se producen; lo que más te sorprenderá será el silencio de los otros. Es lo que yo llamo gente promedio: ni bueno ni malo, ni frío ni calor. Pero tú y yo no queremos eso, ¿verdad? Tendrás que aprender a vivir con este tipo de cosas, pero no te amilanes y que no te conviertan al gris.

Recuerda: “en un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Quizá ahora esta frase no tenga sentido aún pero, créeme, la tendrá.

5)   Viaja, viaja y viaja. Y vuelve a viajar

Vete al sitio más lejano que tu mente pueda imaginar. Antes decía que no era necesario tanto dinero para sobrevivir: tampoco lo es para viajar. Busca el hueco, traza un plan y compra el billete al sitio más lejano que puedas. Una vez allí, aprende de la gente y del entorno, disfruta y busca la manera de volver.

Si tienes dificultades a la hora de volver: emborráchate. Todos los borrachos, tarde o temprano, acaban llegando a casa. Es una ley impepinable, como diría algún amigo.

¿He dicho ya que viajar marca la diferencia? Aquí unos últimos tips de un tipo que se sinceró tal y como hago yo ahora: no viajes a lugares obvios, viaja a lugares difíciles, viaja para aprender, viaja para descubrir, viaja a lugares que te pondrán a pensar qué (y quién) quieres ser. Lo dicho, no necesitas mucho dinero y, además, ahora tienes tiempo.

Ah, por último: una vez hayas vuelto a casa, intenta volver (de nuevo) a los sitios a los que conseguiste llegar. Esta vez sí: intenta volver en business. Ya sabes, gastar cada vez mejor.

6)   Lee

Lee novelas, libros técnicos, cómics, manuales de informática, panfletos de Testigos de Jehova; en papel o en libro digital; en iPhone o teléfono Android, mientras viajas o tumbado en el sofá,… lo que quieras, pero lee.

Cuando digo que leas, también quiero decir que estudies. Nunca la realidad fue tan compleja como ahora. Los que te dicen que estudiar no vale para nada son los que querrán engañarte en el futuro.

Una cosa es que el estudio no te lo dé todo (siempre hay que aplicarlo, la parte más difícil), otra es que te puedas permitir llegar a los 30 sin haber estudiado. Y sí, yo también pienso que el profesor no lo sabe todo. Cuestiónale, pero no dejes de estudiar.

A la hora de hacerlo, hay un gran dilema: lo que te dará de comer el día de mañana o lo que te gusta. La gran mayoría de las ocasiones, esos dos polos no confluyen. Yo seguiría la regla del 65/35, ¿en qué proporción cada uno? Up to you, no hay un camino único.

Otro consejo respecto a la lectura: cuánto más crezco, más leo lo que le pasó a otras personas con anterioridad. Tal como ellos lo cuentan y cómo lo cuentan otros.

7)   Aprende el valor de estar solo

Y al igual que en el punto 3), no hablo exclusivamente de eso. Repito: no “exclusivamente” de eso.

Hay muchísima gente que no realiza alguna actividad, en cualquier ámbito, simplemente porque no tiene con quién hacerla. Hay gente que, simplemente, piensa lo que piensan los demás —es decir, no piensa— por no ser diferente y no salirse del rebaño. Hay gente que se encuentra incómoda simplemente… estando sola.

Para mí, guardarme unas horitas a la semana para reflexionar, es casi una obligación. Me encanta la compañía de mi pareja, de mis amigos o de mis familiares, pero me gusta pensar por mí mismo, hacer cosas por mí mismo o estar tranquilo, solo, un rato.

No es que tenga que estar haciendo algo en especial ni es algo matemático pero no dejo de hacer cosas porque otros no quieran hacerlas o no dejo de decir las cosas porque sea el único que piense así.

8)   Confía en la gente, aunque la gente sea canalla

No quiero decir que seas ingenuo. Todo lo contrario. Pero no puedes vivir sin la gente. Eso sí, yo intento buscar gente que me aporte. Cada día paso más rápido y sin mayores contemplaciones de la gente que me aporta poco o nada: es mejor parecer gilipollas o maleducado que serlo. Digan lo que digan.

Más: todo el mundo puede fallar. Pero, si falla mucho y de forma constante, puerta. El tiempo tiene una cosa que es cojonuda: pone, quita o mantiene gente de forma muy certera.

Además, lo que sí intento cuidar, con todas mis fuerzas, es de mi círculo íntimo de amigos. Y no, no hace falta que nos veamos todos los días o que estemos de acuerdo en todo. Son mis amigos. Simplemente eso es suficiente para que intente preocuparme.

Recuerda lo de no ser ingenuo: hay gente que buscará hacerte daño simplemente porque sí, sin explicación. Si vives en España, seguramente sea envidia (sí, sí, aunque tú creas que no se te puede envidiar nada…). Paso 1: no te acobardes (“dientes, dientes”), Paso 2: puerta.

9)   Gestiona el tiempo

Una de las cosas que creo hacer muy bien es gestionar el tiempo. No quiere decir que no lo pierda (pierdo mucho el tiempo). Pero, si me comparo con otros, se organizarme bastante bien y el día me suele cundir.

Es habitual que la gente me diga cómo consigo hacer todo lo que hago. Es un hábito, poco más puedo decir. No soy perezoso y eso ayuda. Además, estar cansado al final del día ayuda a dormir. Es jodido a la hora de salir de noche (digamos que nunca serás el rey), pero… nadie es perfecto.

También sucede que nunca vas a volver a tener la disponibilidad de tiempo como tienes en la década de los 20. Recuerda el punto 5), el 6) y, además, no te preocupes demasiado si “pierdes” un año buscando lo que te da gustito (punto 3). Como habrás observado, lo de perder va entre comillas. Es por algo.

10)   Confía en tu instinto, matiza con tu cabeza.

Cuando tomas una decisión importante, tú mismo sabes si te estás engañando o no. Haz lo que te plazca, pero siempre con plan y con sinceridad. Me encantó esta frase que leí hace meses: “Planea en décadas. Piensa en años. Trabaja en meses. Vive en días”. Pues eso. Lo que te plazca pero que tenga explicación en décadas, años, meses y días.

Puedes fallar. Varias veces. Pero, si no aprendes, no habrá servido de nada. Además, cuanto antes falles y cuanto más rápido falles, mejor.

A ver si tengo cojones y sigo aplicándome esto la próxima década… Tengo muchos retos que cumplir. Voy contando.

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