De nuevo, Corea. De nuevo, Hallyu

Ayer domingo, en el dominical de El País, ofrecieron un amplio reportaje sobre el Hallyu, el movimiento cultural. El artículo, gustándome mucho, no dijo nada que cualquiera que sepa qué es la Ola Coreana pero, coincidiendo con el golpetazo que nos hemos pegado con la no concesión de los Juegos Olímpicos, me hizo reflexionar sobre la Marca Corea y la Marca España. Aunque no lo parezca, todo está muy relacionado con el Hallyu.

Hace menos de veinte años, Corea era considerada como un pequeño país del Extremo Oriente sin que la caracterizara nada en especial. Si acaso, algunas antigüedades culturales como la cerámica de celadón de Goryeo, las impresiones hechas en metal, el kimchi y el sistema de escritura conocido como hangeul era lo que representaba al país. En esa época, los coreanos tenían en alta estima los estándares y criterios sentados por países avanzados, y envidiaban el éxito obtenido por ellos

Hoy en día, hay agencias estatales que promocionan el K-pop o los K-dramas con el mismo ímpetu con el cual se promocionó el deporte en España tras las Olimpiadas de Barcelona o se ha intentado hacer ahora con las Olimpiadas de Madrid. La diferencia es que los coreanos saben hacerlo muy, muy bien. Mejor, diría yo, que lo que se hizo con Barcelona y, obviamente, mucho mejor de lo que se ha hecho con Madrid.

Entre otros, el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo (MCST, por sus siglas en inglés), la Organización de Turismo de Corea (KTO), la Agencia para la Promoción del Comercio y la Inversión de Corea (KOTRA) y la Asociación de Comercio Internacional de Corea (KITA) destinan una parte de sus presupuestos a programas y promociones para impulsar la imagen nacional en ámbitos diversos, desde el K-pop hasta la cocina coreana.

Los coreanos han visto la necesidad de venderse en el Exterior, han aprendido a hacerlo y ponen todos los mecanismos públicos –y varias empresas privadas como arietes- para que su cultura ‘colonice’ de forma blanda, como se dice en el artículo, primero Asia y luego el resto del mundo. Y, claro, de paso, se venden productos coreanos en todos los mercados, especialmente en tecnología y… cosméticos.

En España, lejos de bobadas vacías de contenido como la Marca España, se necesita una verdadera estrategia de política exterior que nos sitúe de forma óptima donde suceden las cosas. El sector de las series de ficción española, por ejemplo, sería un buen sector para empezar, ¿dónde está el apoyo público? No tenemos nada que perder y sí mucho que ganar.

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