Raíces, alas y garra

Cinco meses desde que te cogí en brazos por primera vez.

Nunca voy a olvidar cómo respirabas en mi cuello y la felicidad enorme que sentí al verte y ver cómo abrías los ojos por primera vez en aquella habitación. Esos ojazos que llaman la atención a todas las señoras que nos cruzamos y nos dicen lo guapa y despierta que eres. Porque es verdad: eres muy guapa y muy despierta, aunque sólo tengas cinco meses. Es la misma felicidad que vi en los ojos de tu madre cuando nos encontramos con ella en aquella habitación de hospital.

Tanto mamá como yo esperamos ser buenos padres. A día de hoy no podemos garantizarlo, pero te aseguramos desde ya que ponemos todos nuestros esfuerzos en ello. Lo hablamos continuamente en nuestros paseos vespertinos. Mientras paseamos y tú nos sonríes o duermes, pensamos y discutimos sobre cómo deberíamos educarte, qué tenemos que hacer, qué no debemos permitirte nunca, qué habilidades deberás tener el día de mañana para valerte por ti misma y afrontar la vida con ilusión y, en definitiva, cómo podemos ayudarte a hacerlo.

Para empezar… decirte que tengo que darte malas noticias: que intentemos ser buenos padres no significa que te daremos todo lo que quieras. Quiere decir que te intentaremos ofrecer todo lo que pensamos que necesites para ser una persona buena, educada, valiente y con los pies en la tierra (y la cabeza en las nubes donde habitan los sueños).

Justamente para eso, para que mantengas los pies en la tierra y comiences a soñar, lo primero que queremos ofrecerte son raíces. De ahí tu nombre y la intensa presencia de los abuelos alrededor. Pocas cosas me dan más alegría que verte sonriendo en torno a las dos abuelas, al abuelo y a la (ton)Tita. Queremos que tengas buenas raíces de apego, de mimos, para que siempre sepas que tienes un lugar al que volver, una base sólida de amor incondicional al que agarrarte. Es por eso, hija, que en estos meses estamos intentando borrarte los mofletes a besos entre todos. Por cierto, el lugar de tus primeras vacaciones de verano tampoco es casual.

Además, Rocío, queremos darte alas. De nuevo, esto no quiere decir que volemos por ti o que te hagamos volar a marchas forzadas: tendrás que hacerlo por ti misma, nosotros simplemente estamos ayudándote a diseñar tus alas para que consigas hacerlo. Nos gustaría que cuando seas mayor tengas proyectos, retos y objetivos que te ayuden a tener tus miedos bien controlados. Proyectos, retos y objetivos diseñados por ti —ni siquiera por nosotros mismos— para que encuentres tu felicidad y tu forma de desarrollarte como persona. Cuando uno tiene proyectos, retos y objetivos se focaliza en eso, hija; y no mira lo que hacen los demás o se descentra cuando vienen mal dadas. Aunque ahora te parezca una tontería, te daré una pista: libros y viajes. No hay mejores alas.

Por último, nos gustaría que tuvieras garra. Carácter, personalidad propia. Para enfrentarte a cualquier situación o problema hay que tener garra, hija. Hay que ser constante y perseverante y, sobre todo, tomar decisiones. Van a ser muchos los retos y saber tomar decisiones acertadas, valorar sus pros y sus contras, va a ser vital para ti. Nunca mejor dicho: te juegas disfrutar de tu vida a tope. Para ello, el mejor consejo -y a la par, deseo- que tu padre te puede ofrecer es que seas valiente. La valentía bien entendida es el mejor instrumento útil para enfrentarse a la vida. Entiéndela bien.

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