Autor: Fran Gallego

  • Las principales funciones de la FCC

    Las formas de control de la Comisión Federal se pueden resumir en cuatro (Walker y Ferguson, 1998: 75-80):

    I.      Otorgar, renovar y retirar licencias.

    En la práctica, las licencias se renuevan fácilmente cada ocho años y rara vez han sido revocadas. Las causas más habituales esto último suceda son la incapacidad técnica y el intento de engañar en la solicitud o renovación de las mismas. Nunca la programación de una emisora ha sido la culpable de la no renovación de una licencia debido a que la Ley prohíbe a la Comisión Federal cualquier tipo de censura y deja en manos de las propias emisoras la autorregulación en cuanto a contenidos. No obstante, la Comisión tiene la posibilidad de actuar siempre a posteriori.

    II.     Mediar mediante acciones específicas ante situaciones en las cuales se menoscaben derechos de una persona física o jurídica.

    Especialmente si se trata de asuntos políticos. Entre estas acciones, se incluye la posibilidad de defenderse utilizando el medio. Además este tipo de acciones son mucho más cuidadas cuando el asunto se refiere a algún candidato a ocupar un puesto público, debiéndose informar a la persona física o jurídica interesada de la emisión de ciertas informaciones en unos plazos determinados.

    III.   Restringir la propiedad en busca del interés público, la diversidad y la competencia.

    La Comisión Federal impone limitaciones en el número de estaciones de televisión y radio que una compañía puede concentrar en un mercado específico o en el porcentaje de audiencias que obtienen las estaciones de televisión y radio que una misma cadena posee. En diciembre de 2007, la Comisión dictó la última revisión de las normas sobre propiedad como consecuencia de un análisis del mercado “en el cual la radio, la televisión y los periódicos operan juntos y algunas veces compiten con otros medios como la TV por cable y satélite, la radio y el Internet”.

    La Comisión estableció un marco complejo para su análisis. Dicho documento comienza con una serie de suposiciones que distinguen entre los mercados más grandes de medios de comunicación en el país y todos los demás. En los primeros 20 mercados – según medición de las áreas designadas del mercado de Nielsen[1]— la FCC asume que una combinación de propiedad de un periódico y una estación de radio es de interés público. En las DMA con posición 21 y menor, se asume que una combinación de periódico, radio o televisión no es para beneficiar al público por lo cual los sujetos solicitantes se encontrarán con más dificultades a la hora de ver su petición aceptada.

    Sin importar qué supuesto se aplique, todas las combinaciones propuestas se revisarán también bajo un análisis de cuatro factores:

    • El grado en que la combinación incrementará la cantidad de noticias locales en el mercado.
    • Si cada medio de comunicación en la combinación ejercerá un juicio independiente de noticias o no lo hará.
    • El nivel de concentración en la respectiva área de mercado.
    • La condición financiera del periódico o estación de televisión y si el nuevo propietario planea invertir en el caso de que cualquiera de los medios de comunicación tenga problemas financieros.

    Actualmente, la normativa —como sí hizo con anterioridad— no limita el número de estaciones de televisión que puede tener una entidad única en el país en tanto su grupo tenga una audiencia que no alcance a más del 39% de hogares en los Estados Unidos. Además, algo imprescindible y básico en el sistema televisivo estadounidense, la ley permite garantizar acuerdos de filiación entre emisoras.

    A nivel local, la histórica Ley del Duopolio ha sufrido varias enmiendas que han provocado que se permita la propiedad de dos emisoras en un mismo mercado siempre y cuando los contornos Grado B[3] de ambas emisoras no se solapen, al menos que una de ellas no pertenezca a las cuatro primeras estaciones de ese mercado y los niveles de concentración no superen ciertos límites. De igual manera que en el ámbito nacional, la asociación comercial se encuentra permitida. En lo referido a propiedad cruzada, la norma permite la copropiedad de hasta dos estaciones de televisión y varias estaciones de radio en un mercado siempre y cuando la combinación de la entidad cumpla con los límites de propiedad de la televisión y radio locales. En mercados más grandes, una sola entidad puede tener en propiedad hasta dos estaciones de televisión y seis de radio o una estación de televisión y siete de radio.

    IV.   Controlar a las networks.

    Desde los inicios, se ha intentado limitar el poder de las grandes cadenas. Se han tomado medidas de diferentes índoles en este sentido. La norma de la red dual prohíbe la fusión entre una o varias de estas cuatro redes de televisión: ABC, CBS, Fox y NBC. En 1941, se decretaron las Chain Broadcasting Rules, por las cuales se otorgaba a las estaciones locales afiliadas el derecho a seleccionar libremente la programación procedente de las grandes cadenas en función de los méritos del programa y no del contrato de afiliación establecido (Krattenmaker y Powe, 1994: 97). Otros ejemplos han sido la Prime Time Access Rule y las Financial and Syndication Rules, que permitieron la creación de productoras y empresas dedicadas a la sindicación independientes décadas atrás.

    En Estados Unidos, las cadenas de televisión son libres en cuanto al volumen y duración de la publicidad que emiten. Empero, la Comisión Federal establece ciertas normas en lo referido a  este asunto —sobre qué se puede y qué no se puede ofrecer— prestando especial atención a la decencia de los contenidos, a la limitación publicitaria si ésta se vincula a niños y la necesidad de ofrecer programación infantil. Por ello, hoy día los operadores encuentran tensiones crecientes a la hora de conceptuar qué es y qué no es decente —qué pueden y qué no pueden emitir— en lo referido a programación y la labor protectora de la Comisión Federal se ha acentuado en estos últimos años. Por el mismo motivo, la cantidad de publicidad que se puede emitir también se encuentra limitada, tanto en las cadenas nacionales como en los canales de cable y satélite, en favor de un mejor servicio cuando la programación esté diseñada para menores de doce años. Por último, la ley obliga a emitir un mínimo de tres horas semanales de programación de carácter educativo y formativo destinada a jóvenes de menos de dieciséis años.


    [1] DMA, por sus siglas en inglés.

    [2] El contorno de grado A es el área de servicio primaria asignada. El contorno de grado B es el área de servicio efectiva.

    BIBLIOGRAFÍA

    Krattenmaker, Thomas G.;  Powe, Lucas A.  (1994) Regulating Broadcast Programming Cambridge, London: MIT Press; Washington,  AEI Press

    Walker, James; Ferguson, Douglas (1998) The Broadcast Television Industry. Boston: Allyn and Bacon

  • Acuerdos idiosincrásicos o La importancia de gestionar tu propia creatividad

    Actualmente estoy leyendo ‘La clase creativa’ de Richard Florida y me he topado con un pequeño apartado, ‘Un contrato de trabajo diferente’, que, en mi opinión, no tiene desperdicio. Yo lo asocio directamente a la necesidad existente  de gestionar la creatividad —la intrínseca a cada uno de nosotros— para el desempeño de nuestro trabajo, sea cual sea éste. No es que sea un opción. En mi opinión, es una obligación. Existe un dicho que dice  ‘Quién no esté dispuesto a cambiar, sólo puede cambiar a peor’. No lo puedo expresar mejor.

    Os dejo el apartado, que también se puede encontrar en el libro. Tan sólo omito algunas frases para dar cierta ligereza al texto:

    “[…] la naturaleza del trabajo entre las empresas y las personas está cambiando drásticamente. El contrato de trabajo de antes estaba orientado al grupo y enfatizaba la seguridad laboral. El de ahora se ajusta a las necesidades y los deseos de la persona. El anterior sistema de la era de las organizaciones era un verdadero paquete de ofertas, un ‘contrato social’ exhaustivo por el que las personas ofrecían su vida laboral a cambio de dinero, seguridad y sentido de identidad que se derivaba de formar parte de la empresa. Asumían su puesto dentro de la jerarquía, cumplían normas burocráticas e iban ascendiendo en el escalafón de la empresa. En palabras de William Whyte, entre los directivos y las grandes empresas para las que trabajaban se desarrollaba una ‘armonía completa’ que conseguía que los directivos se entregaran aún más a la organización.

    El nuevo contrato de trabajo no podría ser más distinto. Las personas creativas ofrecen sus ideas y su energía creativa a cambio de dinero. Sin embargo, también quieren flexibilidad para poder hacer lo que les interesa en condiciones que se ajusten a su manera de ser. Por lo mismo, sustituyen la seguridad por la autonomía y la conformidad por la libertad de cambiar de trabajo está unirse a proyectos y a actividades que les interesen. Este giro hacia la motivación interna y la autonomía personal en el lugar de trabajo está unido al hecho que nuestra identidad ya no depende de la empresa para la que trabajamos, sino del trabajo que hacemos, de nuestra profesión, del estilo de vida que llevamos y de la comunidad donde vivimos.

    La nueva realidad pone patas arriba la armonía completa de Whyte. En lugar del contrato social amplio, una de las características fundamentales de las relaciones laborales actuales es que los empleados buscan y obtienen lo que mi colega Denise Rousseau, de Carnegie Mellon, llama ‘acuerdos idiosincrásicos’. Estos acuerdos pueden incluir una descripción no sólo del puesto de trabajo ‘esculpido’, sino también de las condiciones laborales adaptadas a la persona. El objetivo es proporcionar la mezcla exacta de seguridad, flexibilidad, reto, etc., que desea la persona a quien la empresa quiere contratar. Un estudio que Towers Perrin realizó en 2001, a partir de una muestra de más de 5.500 profesionales, aconsejaba encarecidamente a las empresas que ofrecieran este tipo de acuerdos, tanto para retener a los empleados más importantes como para capturar ‘el esfuerzo discrecional que conduce al rendimiento máximo’.

    Según Rousseau, la aparición de este nuevo contrato laboral es consecuencia de dos factores relacionados entre sí. El primero es que ahora es más probable que los trabajadores busquen contratos específico a corto plazo. El sistema antiguo de empleo de larga duración proporcionaba a los trabajadores más motivos para creer que, si se esforzaban desde el principio, se verían recompensados con salarios elevados más adelante. En nuestros días, los trabajadores no tienen motivos para creer que seguirán en la misma empresa durante mucho tiempo, así que quieren las recompensas ahora. El segundo factor es que las personas creativas acostumbran a considerar que son únicas y que cuentan con un conjunto de habilidades, por lo que esperan ser recompensadas en consecuencia” (Florida, 2010: 196-197).

    Transcribiendo el texto, me he dado cuenta que quizá algunos términos se entienden en su significado pleno si se han leído previamente las anteriores 200 páginas. Os animo a ello.

  • El control de la televisión en Estados Unidos: la FCC

    La televisión norteamericana ha estado fuertemente regulada históricamente. Es verdad que el discurrir diario del sistema viene o está marcado por las leyes de mercado pero no lo es menos que, desde 1934, la Comisión Federal de Comunicaciones, con mayor o menor éxito, bajo mayor o menor presión, ha realizado una supervisión del funcionamiento del sistema televisivo de forma rigurosa en función del interés público. En ese año, el Congreso aprobó la Ley de Comunicaciones, vigente hasta 1996, mediante la cual se regulaba el uso del espectro radioeléctrico en territorio estadounidense. Muy influenciado por la precedente Ley de la Radio de 1927, quedaban reguladas la propia radio, la televisión y las telecomunicaciones. Se establecía la propiedad pública del espacio radioeléctrico fundamentándose en tres razones básicas: la necesidad tecnológica derivada de la escasez del espectro y del uso eficiente que de él se haga; la necesidad de velar por la libre competencia, guardando los intereses de unos y de otros evitando así un posible control monopolístico; y la búsqueda del interés público, la conveniencia y la necesidad como consecuencia del impacto social que la televisión tenía y sigue teniendo. De esta forma, los operadores se convirtieron en depositarios de un bien público. Sin embargo, no se puede obviar que la iniciativa correspondió desde el primer momento a las empresas privadas.

    La ley señalaba la creación de la ya mencionada Comisión Federal, formada actualmente por cinco comisarios —uno de ellos con el cargo de presidente— que desempeñan sus funciones durante cinco años y cuyo número máximo de representantes de cada partido no puede exceder de tres (Mariet, 1992: 191-223). La propia comisión, sujeta a la acción legislativa, se convirtió en centro regulador y su creación no fue más que la aceptación de que las economías capitalistas y los individuos que operan en ellas buscan su propio negocio, ignorando y no protegiendo los intereses públicos. Además, también posee capacidad ejecutiva y judicial, ya que interpreta las normas, supervisa su cumplimiento e impone los castigos oportunos (Segovia, 2001: 160). La violación de regulaciones puede causar sanciones económicas sustanciales, la renovación limitada de la licencia o, en casos muy notorios, la negación de renovación de licencia, si bien esto último casi nunca ha sucedido.

    BIBLIOGRAFÍA

    Mariet, François (1992) La televisión américaine. París: Económica

    Segovia Alonso, Ana Isabel (2001) La estructura de los medios de comunicación en Estados Unidos: un análisis crítico del proceso de concentración multimedia. (Tesis de doctorado – Universidad Complutense de Madrid) [En línea] [Consulta: 5 de febrero de 2010]

  • Citas XVIII

    «Educación = instrucción + educación del carácter»

    José Antonio Marina

  • Lecturas: ‘El mercado global de la comunicación: éxitos y fracasos’, de Borja Mora-Figueroa

    Una de las ventajas de ser tan despistado como lo soy yo es que, sin esperarlo, uno se lleva grandes alegrías. Intentando poner orden en ‘mi jaula’ he encontrado de forma inesperada ‘El mercado global de la comunicación: éxitos y fracasos’, libro escrito de forma magnífica por Borja Mora-Figueroa y que leí hace ya algún tiempo. No tengo el placer de conocerle, pero sé que el autor es Director-Gerente del Consejo Audiovisual de Navarra y profesor de la Universidad de la misma comunidad.

    El libro, muy bien documentado, propone y analiza una nueva configuración empresarial: las corporaciones transversales de comunicación. Para ello, estudia la naturaleza, la estructura y el comportamiento financiero de los principales grupos de comunicación a nivel mundial —Time Warner, Disney, Viacom, Bertelsmann, Vivendi y News Corporation—.

    La influencia de estas compañías en el audiovisual, aunque distinta en cada una de ellas, es enorme pues son propietarias de las mejores y más reputadas empresas y marcas en el sector. El autor desmonta cada una de las  corporaciones mencionadas y pone de relieve sus grandes éxitos pero también sus ‘estrepitosos fracasos’ mediante el análisis de sus debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades en el futuro.

  • Breve historia de la televisión en Estados Unidos

    Los inicios de la televisión se produjeron entre augurios fatales y gran incertidumbre. En 1946, Darryl F. Zanuck, gran productor cinematográfico de la época, señaló que la televisión no podría mantenerse mucho tiempo en el mercado y que la gente pronto se cansaría de pasar la tarde mirando esa caja. No cabe duda que estas palabras expresaban más un deseo por parte del magnate que una realidad. Y no sé por qué pero la cantinela me suena muy reciente…

    En la década de los treinta, esta nueva radio con imágenes era ya todo una realidad. En 1931, se produjo la primera experiencia televisiva de RCA y, en 1941, la Comisión Federal de las Comunicaciones (FCC) creó la primera reglamentación y otorgó las diez primeras licencias en el ámbito estadounidense.

    Pero no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la televisión se convirtió en un gran fenómeno de importancia social, política y cultural. A partir de 1947, se retomó la evolución del medio. Algunos datos de este periodo así lo reflejan. Entre el periodo 1950-1955, el número de estaciones pasó de 98 a 522, el parqué de receptores se incrementó desde los 4.6 millones hasta los 32 millones —un 700 por ciento— y se calcula que los ingresos del cine descendieron desde los 1.700 millones de dólares de 1946 hasta los 1.000 millones de 1958 (cit. en Walker y Ferguson, 1998: 13).

    De forma resumida, se conciben cinco grandes etapas en la evolución del sistema televisivo estadounidense (Barnouw, 1966, 1968, 1970 y 1967; Walker y Ferguson, 1998: 12-41):

    I.      Desde 1920 hasta 1933, etapa en la que se dio el desarrollo técnico del medio y se consolidaron las grandes cadenas radiofónicas que posteriormente se convertirían en televisivas;

    II.     desde 1933 hasta 1953, en la que la televisión se convierte en realidad, se establece un marco regulatorio acorde, comienzan a emitir y se consolidan las grandes cadenas —DuMont, NBC, CBS y ABC— y aparece la televisión en color;

    III.   desde 1953 hasta 1970, cuando se produjo la expansión de la televisión. El crecimiento económico de posguerra tuvo su correlación en el crecimiento del número de emisoras, horas de programación y televisores en los hogares. Por su parte, la FCC, estableció en 1947 la normalización técnica de todas las emisiones televisivas, lo cual dio lugar al reinicio de la expansión del medio por todo el país;

    IV.   desde 1970 hasta 1990, cuando el cable comienza a ganar importancia y a incrementarse el número de emisores no afiliadas a las tres grandes. Etapa en la que las las cadenas en abierto ven cómo todo se desmorona y las dificultades se suceden;

    V.    y desde 1990 hasta la actualidad, donde aumenta la concentración pero también el número de competidores principales; donde se asiste a la creciente relación que establecen los sistemas de televisión digital con Internet. En el marco de esta relación los televidentes se convierten cada vez más en usuarios-consumidores que pagan distintos servicios interactivos.

    El modelo estadounidense no se encuentra basado en la idea de servicio público como se entiende en Europa, sino en la Primera Enmienda de su Constitución, es decir, en la libertad de expresión (Écija, 2005: 37). Este sistema de televisión, como indican Contreras y Palacio, se basa en esta particular concepción del medio, que le ha permitido, a lo largo de sus historia, convertirse en el más poderoso mercado mundial, por encima incluso de la ventaja significativa que le daría el hecho de representar a la mayor potencia económica y política del siglo XX (Contreras y Palacio, 2001: 108).

    Un viejo profesor de universidad solía decir que ‘no existe nada nuevo, salvo lo olvidado’. Sirvan estas líneas, y los sucesivos posts que se publicarán, para comprender que, aunque Internet ha revolucionado hábitos a una velocidad pasmosa, la lógica económica permitirá seguir comprendiendo la evolución de los nuevos medios y gran parte de sus movimientos futuros. En este sentido, no se trata de identificar a la Historia como un sofá, sino como un trampolín.

    BIBLIOGRAFÍA

    Barnouw, Erik (1966) A Tower in Babel: A History of Broadcasting in the United States To 1933. Oxford University Press

    —    (1968) The Golden Web: A History of Broadcasting in the United States 1933-1953. Oxford University Press

    —    (1970) The Image Empire: A History of Broadcasting in the United States from 1953. Oxford University Press

    —    (1981) Tube of Plenty: The Evolution of American Television. London: University Press

    Contreras, José Miguel; Palacio, Manuel (2001) La programación de televisión. Madrid: Síntesis

    Walker, James; Ferguson, Douglas (1998) The Broadcast Television Industry Boston: Allyn and Bacon

  • Citas XVII

    ¿Quieres que te dé una fórmula para el éxito? En realidad es muy sencillo. Dobla tu tasa de fracaso. Estás pensando en el fracaso como el enemigo del éxito. Pero no lo es en absoluto. Puedes sentirte desanimado por el fracaso o puedes aprender de él, así que adelante, comete errores. Comete todos los que puedas. Porque recuerda que es allí donde se encuentra el éxito”.

    Thomas J. Watson

  • El porqué del éxito de Antena 3

    En el ámbito de la televisión, el grupo Antenta 3 gestiona directamente los canales Antena 3, Neox y Nova por televisión digital terrestre. Además, explota la señal de Antena 3 Internacional por satélite; cuenta con un canal en alta definición, Antena 3 HD; y opera el canal autonómico Antena 3 Canarias en las islas del mismo nombre. Por último, desde el 23 de agosto de 2010, ha añadido a su oferta televisiva un nuevo canal, Nitro, sólo disponible en TDT, que va dirigido a un público masculino.

    Con este nuevo movimiento, completa la segmentación de su oferta, intentando adaptarse a las tendencias del mercado: si bien el principal canal del grupo continúa siendo de carácter generalista, Neox se dirige a un público juvenil y Nova a uno femenino.

    En un intento de convertirse en operador global y multisoporte de contenidos, además de establecer una política propia que abarque la evolución de la gestión publicitaria y el crecimiento del video bajo demanda, Antena 3 puso en marcha Televisión 3.0. En este sentido, el grupo ha marcado una pauta única, concibiendo todos sus canales como un todo donde la marca se comercializa al unísono. Así, se emiten los cortes publicitarios en todos los canales del grupo al mismo tiempo, con el fin de buscar una mayor rentabilidad económica en el todavía incierto. Dicha estrategia, pionera en Europa, ofrece a los anunciantes soluciones eficaces en el nuevo entorno competitivo.

    Al igual que las del resto de operadores tradicionales, las audiencias de la cadena generalista de Antena 3 ha ido descendiendo durante la década. En el año 2000, sus índices de audiencia se situaban en un 21,6 por ciento; en 2007 y 2008, cuando la fragmentación de las audiencias se mostraba ya como consecuencia directa de la aparición de una mayor oferta televisiva, su cuota de pantalla se estableció en un 17,4 y en un 16 por ciento respectivamente. En lo que se refiere a los datos de 2009, según su memoria anual, Antena 3 concluyó como grupo privado líder de audiencias, con una media del 16,6 por ciento de cuota de pantalla.

    Sin embargo, en 2010, se ha producido el gran éxito en la estrategia comercial del grupo ya que Nova y Neox consiguieron una audiencia conjunta del 6 por ciento el 19 de julio, récord en audiencias para las cadenas temáticas surgidas tras el apagón analógico. Así, Nova alcanzó un 2,54 por ciento y Neox su segundo mejor dato, un 3,51 por ciento.

    De forma particular, el caso de Neox es digno de mención, pues ha alcanzado cotas inesperadas incluso para sus propios gestores: por aquellas fechas consiguió liderar en solitario el ranking de los canales exclusivos de TDT y logró ponerse a la par, e incluso superar, la audiencia media de, por ejemplo, La 2[1]. Estos últimos registros tienen mucha más importancia si cabe si se tiene en cuenta que en ese último año, el crecimiento de Nova ha sido del 89 por ciento y el de Neox del 62 por ciento[2].

    Además, desde enero de 2011, la cadena de Planeta dispone en exclusividad de los mayores éxitos cinematográficos de Disney gracias a un acuerdo que también incluye algunas series menores del conglomerado americano[3]; algo de gran importancia estratégica para mantener sus audiencias.

    Su situación, que se puede considerar al alza, contrasta con la de su histórico rival, Telecinco, que sufre una fuerte crisis de audiencias, cayendo a niveles mínimos históricos y cuyos canales para TDT no terminan de despegar.

    Por último, todo lo expuesto se hace sin considerar la más que probable fusión con LaSexta, con lo que superarían en canales y espectadores a Telecinco y a Cuatro, ya que sólo el canal Neox hace la audiencia de los canales FDF, La Siete y Boing de Telecinco.

    La mejor gestión de sus activos y la toma de conciencia del nuevo mercado que se les plantea a los operadores tradicionales, tanto en la TDT como en Internet, y la fusión con LaSexta hacen que sea firme candidata a liderar el futuro multimedia de la televisión. Muestra de hecho es el cambio en su cúpula directiva en el pasado mes de marzo. Estoy seguro de que en Antena3 tienen muy claro cómo se evoluciona en un nuevo mercado en el cual el consumo se hace ‘bajo demanda’ de los propios espectadores.


    [1] El Economista, 20-VII-2010

    [2] La Razón, 2-VIII-2010

    [3] El Mundo, 4-X-2010

  • Lecturas: ‘La televisión económica’, de Enrique Bustamante

    ‘La televisión económica’ se ha convertido para mí, y para otros muchos, en un libro casi de cabecera. Han pasado algo más de diez años desde su publicación pero, en mi opinión, todavía explica perfectamente el funcionamiento de la televisión. Y una década, en un sector tan dinámico y de naturaleza cambiante como el audiovisual, son muchos. A veces releo ciertos capítulos y descubro que aspectos increíblemente actuales ya estaban escritos. Repito: un libro de cabecera para todo estudiante que esté interesado en la economía política de los medios.

    ¿Cómo ha conseguido aguantar? De un forma muy sencilla: explica de manera magnífica la lógica económica que se impone en cualquier sistema televisivo, por muy público o muy privado que éste sea. Toca temas que abarcan desde la financiación de las televisiones públicas hasta la producción de programas. En este sentido, cada capítulo, abarca un aspecto determinado de la realidad televisiva en su vertiente más estructural.

    Aunque yo he dicho que, pese a todo, es un libro de gran actualidad, hablando con su autor, Enrique Bustamante, me confesaba que ya va siendo hora de actualizarlo para poder tratar más a fondo las claves de futuro ya apuntadas hace diez años y que sitúan al audiovisual como ‘sector punta del desarrollo económico y como motor central de la sociedad de la información’. Con un poquito de suerte, a ver si su editor lee esto y se pone las pilas.

  • Citas XVI

    «La suerte sólo sonríe a la mente preparada»

    Louis Pasteur