El cuello de botella que nadie está formando

El modelo en diamante que describe Tayar tiene una grieta que no aparece en el gráfico. La figura que ese modelo más necesita es exactamente la que menos se ha cultivado: el mid que entiende el dato, habla con el negocio y sabe para qué sirve la IA que tiene delante. Sin esa figura, el diamante es una fantasía organizativa.

He visto proyectos de analítica girar ciento ochenta grados por un mid que hizo las preguntas correctas en el momento justo. No porque tuviera acceso a más datos. No porque usara una herramienta mejor. Sino porque supo leer lo que el cliente no estaba pidiendo explícitamente, traducirlo a algo medible y defender esa lectura cuando alguien con más rango dijo que no. Eso no se delega en un agente. Y tampoco se fabrica de la noche a la mañana.

El problema es estructural. La pirámide tradicional generó juniors que ejecutaban y seniors que decidían. El mid era la capa de paso, el lugar donde se acumulaba experiencia técnica pero rara vez se desarrollaba criterio propio. En muchas firmas, ser mid significaba saber hacer cosas, no saber por qué hacerlas. Esa distinción, que antes era un matiz de carrera, ahora es la diferencia entre alguien que multiplica el valor de la IA y alguien que produce más de lo mismo a mayor velocidad.

Lo que hace a un mid valioso en este nuevo modelo no es solo dominar herramientas de datos. Es la combinación de tres cosas que no aparecen juntas en ningún plan de formación que yo haya visto: inteligencia analítica real, sensibilidad de negocio y tacto humano. La primera se puede entrenar. La segunda se adquiere con exposición directa al cliente y sus decisiones, no en una sala de formación. La tercera se construye a base de equivocarse con consecuencias y aprender de ello. Ninguna de las tres se desarrolla en un rol de ejecución pura.

Y aquí está la paradoja: justo cuando el sector necesita más mids con criterio, el modelo que los producía se está desmantelando. La automatización está eliminando precisamente las tareas repetitivas de media complejidad que antes eran el campo de entrenamiento de esa figura. El junior que hace análisis rutinario para construir intuición de negocio tiene hoy menos fricción real que su equivalente de hace cinco años. Aprende más rápido en lo técnico y menos profundo en lo que importa.

No tengo una solución limpia para esto. Lo que sí tengo claro es que las firmas que entiendan que el mid no es un recurso intermedio sino su activo más escaso van a diseñar trayectorias distintas: más exposición temprana a decisiones reales, más contacto directo con el cliente desde antes, más espacio para defender un criterio propio aunque sea incómodo.

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