Hace tiempo que en consultoría y agencias se factura igual: horas por una tarifa. Ese modelo, que ha sostenido el sector durante décadas, es el que de verdad está en riesgo. No la pirámide, no los seniors, no los juniors. El modelo de negocio.
Cuando una parte creciente del trabajo lo resuelve un agente en minutos, facturar por horas deja de tener sentido. Y obliga a una pregunta incómoda que casi nadie se atreve a poner sobre la mesa delante del cliente: ¿de qué cobramos a partir de ahora? ¿Del tiempo, del entregable, del impacto? No es retórica. Es la pregunta que va a separar a las firmas que sobrevivan de las que no.
De ahí cuelga lo demás. Llevo días leyendo a Ricardo Tayar y a Iñaki Gorostiza. Tayar lo dibuja con un gráfico que ya circula bastante: la pirámide tradicional (55% juniors, 30% mids, 15% seniors) rotando hacia un diamante (30-50-20). Menos manos, más criterio. Gorostiza va un paso más allá con su LIN3S 5.0: un blueprint de agencia AI native, con agentes coordinándose entre sí y el humano interviniendo solo donde aporta. Diamante vs pirámide no es una moda organizativa. Es la consecuencia lógica de que el modelo de facturación que sostenía la pirámide se está agrietando.
Estoy de acuerdo con los dos. El cliente se va a adaptar; o mejor dicho, nos va a obligar a adaptarnos a nosotros. Es cuestión de madurez, sí, pero también suya. Cuando el cliente entienda que puede pedir más por menos, o lo mismo en la mitad de tiempo, será él quien marque el ritmo. Quien venda volumen seguirá encontrando a quien compre volumen, hasta que deje de funcionar.
Después está el efecto sobre las personas, que es donde más ruido hay y donde más simplificaciones se leen. Los seniors buenos no van a ser reemplazados por la IA. Los malos, sí. El modelo piramidal permitía que algunos seniors vivieran cómodamente del trabajo de los juniors que tenían debajo; en un diamante, esa figura se queda sin sitio. Con los juniors pasa al revés: se repite que la puerta de entrada va a ser más difícil, y probablemente sí, pero el junior con garra siempre se ha construido su escalera, y hoy tiene más herramientas que nunca para hacerlo. Sofá o trampolín: cada uno elige.
Y queda lo que más me preocupa, de lo que apenas se habla en LinkedIn: la transición. Que toda una generación se coma la parte mala de la tecnología sin llegar a ver la buena, la de la redistribución de la productividad. Le pasó a los artesanos mayores en la revolución industrial. Las series de Gapminder de Hans Rosling, con doscientos años de datos por país (mortalidad infantil, esperanza de vida, ingresos per cápita), dejan claro algo incómodo: la redistribución existe, pero no es equitativa ni en el tiempo ni en el espacio. La media mejora. Mucha gente concreta, no.
Por eso el debate no debería ser pirámide vs diamante. Debería ser cómo facturamos, a quién dejamos atrás y qué hacemos al respecto.
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