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A la niña de ojos grandes, mirada profunda y carcajada eterna

La educación de Rocío para nosotros es vital. Ponemos mucho foco y… tenemos suerte. Ayer, sus profesoras nos compartieron esta carta. Y no pudimos evitar que se nos saltaran las lágrimas.

Rocío, la dejo aquí para cuando seas mayor. No tengo duda de que te gustará leerla y releerla, al igual que ahora haces con los cuentos que memorizas. Todavía no lo sabes, pero describe a la perfección quién eres tú.

Querida Rocío:

Qué bonito ha sido acompañarte durante este camino, qué suerte la nuestra encontrarte y observarte crecer cada día. Con tus ojos grandes, siempre atentos. Observando el mundo sin dejar pasar detalle.

Cuando pensamos en ti son muchos los recuerdos que nos emocionan. Hemos pensado en compartir contigo algunos de ellos, por si algún día te apetece recordar cómo eras de grande con tres añitos.

Eres curiosidad. Cada detalle, cada pequeño cambio es relevante para ti. Y cuando los percibes, nos buscas para compartirlos, pero sobretodo para entenderlos. ¿Sabes? Tienes muy presentes las rutinas y para ti cada cambio esconde un “¿y por qué? Es precioso ver como nuestras respuestas te dan calma, y como recolocas tu esquema. Eso te ha dado una visión más flexible de nuestro día a día y un poder comenzar a entender a tus iguales: ¡ese reto tan complejo! “¡Que no se corre, que vamos caminando que somos un grupo! ¿Y por qué corren?” dices. “Aunque saben que por el pasillo vamos caminando, están tan emocionadas que no pueden controlar las ganas de correr, ¡se ponen muy nerviosas cuando vamos a la sala de psico! pero poco a poco lo van a conseguir!” y entonces, tú nos respondes: “Sí, porque están muy nerviosas, ¡pero lo van a conseguir!” Con esa carcajada tan bonita que solo tú tienes.

Todas las conversaciones parecen ser accesibles para ti. ¡Te atraen tanto las nuevas palabras! Cada cual más rara, más compleja. Y nos miras fijamente, casi estática, cuando te contamos algún trabalenguas: “Cómo quieres que te quiera, si el que quiero que me quiera, no me quiere como quiero que me quiera” Y ahora ¡más rápido! “¡Cómoquieresquetequierasielquequieroquemequiera nomequierecomoquieroquemequieras!” Y ríes, y ríes, ¡y ríes infinito!

No tienes secretos para nosotras. Tienes muy presente a tu familia y todo lo que haces con ella. Nos cuentas sobre la abuela Inés y el abuelo Pepe, la abuela Chayo y la tita, mamá y papá… Un día hablabas del abuelo Juan: nos contabas que estaba en el cielo y que le saludabas antes de dormir.

¡Fue muy emocionante escucharte!

Delicada y empática con la infancia. Disfrutas observando a tus iguales, compartes sus hazañas, ríes si se alegran y te angustias si tienen alguna dificultad. Te gusta mucho ayudarles a que consigan las cosas. Te sueles mostrar muy paciente cuando te necesitan.

Segura de ti, de tu cuerpo, y de todos los movimientos que puedes realizar. Diríamos que esta ha sido tu gran conquista. Romper la barrera del miedo y atreverte a saltar. A veces nos necesitabas cerquita para darte un poco de seguridad, otras nos pedías la manita, aunque apenas nos agarrases un dedo. Y ahora… ¡ahora ya saltas tú sola! Incluso te animas a subir las espalderas una y otra vez “¡Mira soy muy alta! ¡He subido hasta arriba!”.

Y en estas ganas de entender y descubrir el mundo, ¡no te olvidas de ti! Estás muy conectada con tus tiempos. Transmites prudencia. Pareces analizar mucho lo que ocurre, para luego dar rienda suelta a todas las posibilidades. Ha sido realmente especial verte trabajar con los puzzles, la torre rosa y los trasvases. A veces, te vuelves un poco ansiosa si no sabes lo que viene después. Pero puedes confiar en ti, solo debes darte la oportunidad de probar, de intentarlo sin un saber que va a pasar. Pues Rocío, todo lo que te propones… ¡lo consigues! Y esa es una de las frases que más te hemos escuchado pronunciar ¡lo he conseguido! ¡si podía! ¡es que estaba un poco duro pero si podía!

Nuestra querida Rocío, nosotras vemos todas estas cualidades como dones y confiamos en que sigas creciendo en un entorno igual de bonito que hasta ahora, para que solo tengan opción de seguir potenciándose.

Deseamos haber dejado una pequeña huella en ti, la tuya en nosotras es enorme, ¡no cabe duda! A la niña de ojos grandes, mirada profunda y carcajada eterna. Gracias por aportar tanta luz.

Con mucho cariño.

Laura y Alba

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